El poder de la alabanza en medio de la prueba
Es fácil cantar cuando todo va bien. Pero ¿alabar a Dios cuando no tienes ni para el arriendo? Esa es otra historia. Y es exactamente la historia que quiero contarte.
«¿Cómo voy a cantar así?»
A fines de los años 80, una familia de misioneros en Puerto Montt recibió una noticia difícil: debían dejar la casa comunitaria donde vivían y arrendar la suya propia. Eran cinco. No tenían trabajo remunerado, ni respaldo financiero, ni muebles — lo habían regalado todo para entrar al campo misionero. El arriendo pedía el equivalente a 250 dólares por adelantado, más garantía. Un imposible.
Patty, la esposa, amaneció un día quebrada, con ganas de llorar. En eso llegó de visita una amiga, que la miró y le dijo algo inesperado:
«En estos momentos es cuando tienes que alabar al Señor. No solamente debemos alabarle cuando estamos contentos… Dios te dio ese don maravilloso de cantar. Este es el tiempo de ocuparlo.»
«¿Cómo voy a poder cantar si estoy tan acongojada?», respondió ella. Pero en obediencia, con la voz temblorosa, comenzó: «Gracias, Señor… quiero darte gracias…»
De a poco la voz se le fue afirmando. Al rato, toda la familia cantaba. Y aunque nada había cambiado afuera, todo había cambiado adentro: «estábamos experimentando el poder de la alabanza y la adoración, ese poder que cuando alabamos a Dios en medio de dificultades y pruebas, al momento somos reconfortados y llenos de paz, esa paz que el mundo no entiende».
La caja de cassette
Días después, un hombre en motocicleta tocó la puerta con una encomienda: la caja de un cassette de música, enviada desde Valdivia por un odontólogo que el padre de la familia había visto una sola vez, cuatro años antes.
Adentro no había ningún cassette. Envueltos en papel café venían, en efectivo, exactamente los 250 dólares que necesitaban.
El odontólogo contó después que llevaba días inquieto, sin entender por qué se acordaba de ese misionero, hasta que entendió que Dios le pedía enviar una cantidad específica lo antes posible. Obedeció sin saber para qué era.
¿Y la casa? Cuando el misionero llegó a arrendarla, el dueño le dijo: «Nadie me ha preguntado por ella en estos días».
Por qué la alabanza tiene poder
Esta historia — contada completa en el capítulo «El Poder de la Alabanza» de Fe: La Llave del Corazón de Dios — ilustra un principio que atraviesa toda la Biblia:
- La alabanza es un sacrificio: «Sacrifica a Dios alabanza… e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás» (Salmos 50:14-15). Sacrificio significa que cuesta. Alabar en la prueba es ofrecerle a Dios algo valioso precisamente porque duele.
- La alabanza activa la fe: al cantar, dejas de mirar el problema y vuelves a mirar a Aquel que puede resolverlo. El mundo dice «ver para creer»; Dios dice creer para ver.
- La alabanza precede al milagro: como los muros de Jericó, como Pablo y Silas cantando en la cárcel. Primero el canto; después, la puerta abierta.
¿Y tú?
Quizás hoy estás frente a tu propio «arriendo imposible». La invitación de esta historia es sencilla y desafiante a la vez: ¿te atreverías, en este momento, a levantar tu voz en alabanza al Señor?
📖 La historia completa —y muchas más— está en Fe: La Llave del Corazón de Dios, de Daniel J. Moena Pizarro. También te puede interesar: Cómo fortalecer tu fe cuando todo parece en contra.


